Los partidos más memorables de la historia de la Serie A
El Milán que escapó con un milagro
El 16 de mayo de 2004, el Inter y el Milan se midieron en San Siro bajo una lluvia torrencial que parecía lavar hasta los recuerdos. El Milan, con una defensa de acero templado, se encontró a un minuto del pitido final con el marcador 0‑1. De pronto, una jugada de Trezeguet, velocidad pura, desbordó la línea y el balón cruzó la red. Los tifos se encendieron; la grada tembló. Un final de película que dejó al fútbol italiano sin aliento.
Juventus y la remontada de 1996
En la noche del 22 de abril, la Juventus enfrentó a la Lazio en la última jornada. Los bianconeri estaban abajo 0‑3, la tristeza se dibujaba en cada rostro. Entonces, la bola cayó a los pies de Del Piero, quien, como un pintor con su brocha, trazó un pase magistral a Zidane. El argentino, sin dudar, disparó al arco y el 1‑3 se quedó rezagado. Aquel 4‑3 final aún retumba en los estadios, prueba viva de que la gloria nunca se rinde.
Roma y el ‘Tricolore’ inesperado
La capital vivió su noche de gloria el 2 de junio de 2001, cuando la Roma recibió al Parma en el Stadio Olimpico. Con la afición cantando a todo pulmón, Totti tomó el balón en la banda y, como un lobo solitario, se lanzó contra la defensa. Un regate, un disparo, y el cuero se pegó al fondo de la red. 1‑0, sí, pero ese gol abrió la caja de Pandora de una victoria que selló el campeonato.
El clásico del ‘Cinco en un minuto’
El 5 de septiembre de 2017, el Napoli y la Fiorentina protagonizaron un duelo de antología. La Fiorentina se adelantó 2‑0, pero el Napoli, con la furia de un volcán, respondió. En apenas 60 segundos, Higuaín, Insigne, y el propio Mertens se lanzaron al ataque y lograron tres goles, igualando el marcador. El estadio se transformó en una tormenta de colores; el último suspiro del partido fue un penalti que dio la victoria al Napoli. Nadie volvió a ser el mismo después de ese instante.
El choque de los clásicos en 2000
Cuando la Juventus y el Inter se enfrentaron en el Derby d’Italia de la temporada 1999‑2000, todos los televisores del país estaban sintonizados. La Juventus, con su tradicional elegancia, marcó primero, pero el Inter, con su garra de acero, respondió al instante. Un duelo de titanes donde cada pase era una bala, cada atajada un suspiro. Al final, el empate 2‑2 dejó a los aficionados con la sensación de haber visto una batalla épica, como si los dioses del fútbol se hubieran sentado a comentar.
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